EL NUEVO TRONO DEL ESCULTOR ARTURO SERRA PARA EL GRUPO DEL SANTO AMOR DE SAN JUAN EN LA SOLEDAD DE LA VIRGEN.

El nuevo trono no es un trono más. Supera con mucho lo meramente ornamental para asumir el mensaje de la imaginería y  devolverlo transformado en una verdadera escultura contemporánea, de íntimos valores expresionistas, y cuya plenitud de significados se alcanzará sólo cuando, encendido y vestido de flor, porte las imágenes que Capuz tallara en su grupo escultórico del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen.


 

En pocas ocasiones las reformas y novedades que se pueden presentar cada año son de la envergadura de un nuevo trono. Y sin duda debe considerarse como algo positivo el que novedades de esta entidad sean infrecuentes, por lo que implica de estudio y maduración de tales proyectos antes de materializarlos. Hay pequeñas reformas que, sin restarles importancia, por su misma naturaleza son renovables con cierta periodicidad, o que no marcan de una manera definitiva el carácter de la procesión. Pero a la hora de promover la sustitución de un elemento mayor de nuestro patrimonio, como pueden ser unas imágenes o un trono, debemos pensar en la responsabilidad que tenemos con respecto a la herencia de la historia y de cara al legado que dejaremos para el futuro de una tradición secular de la que no somos más que temporales depositarios. Y si difícil y meditado ha de ser cualquier proyecto de este tipo, mucho más lo será si se pretende, como en el caso del nuevo trono para el grupo del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen, aportar un elemento de estética renovadora al tiempo que capaz de integrarse en el discurso estético tradicional de la Cofradía.


Que el grupo del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen ha sido, desde su origen, un grupo polémico, no se le escapa a nadie. Polémica, y desacertada, fue la intención inicial de sustituir con este grupo escultórico a la imagen solitaria del Evangelista en la procesión del Santo Entierro. Esto, sin duda, fue un planteamiento erróneo pero que trajo consigo la feliz consecuencia de poder contar con este excepcional grupo escultórico de José Capuz. Junto al desplazamiento de la imagen tradicional de vestir, la novedad de su lenguaje estético y la complejidad de su mensaje como obra de arte religioso fueron otros motivos no menos determinantes para la difícil aceptación del Santo Amor. A esta incomprensión contribuyó también su inadecuada presentación en la procesión, sobre un trono inacabado que no contribuía a la adecuada lectura de la obra. Desde entonces, esta situación se ha agravado al presentarlo fuera de su contexto original tras su desplazamiento del cortejo del Santo Entierro, para el que fue concebido, a la nueva procesión del Sábado Santo. En diferentes ocasiones se ha abordado la idea de un nuevo trono pensado ex profeso para este grupo, pero sucesivamente se han ido adoptando medias soluciones para ir saliendo del paso, llegando a contar en los últimos años con un trono muy digno, elegante, incluso solemne, aunque, bien es verdad, con el mismo carácter de provisionalidad. El mal estado de conservación del trono y el carácter poco excepcional de sus tallas aplicadas llevaron a la Junta directiva de la Agrupación a tomar la decisión de elaborar un proyecto de nuevo trono que, de una vez definitiva, fuese algo singular, pensado para este grupo desde un principio; un trono que realzase la concepción escultórica de Capuz y facilitase su comprensión.


Con estos planteamientos, y teniendo en cuenta el carácter predominantemente frontal de este grupo escultórico, se pensó en un trono que presentara un ligero desnivel, progresivamente ascendente hacia el fondo, donde se situaría el grupo, dejando un importante espacio vacío delante de las imágenes. Esta disposición persigue varios objetivos: la disposición inclinada de la parte superior permite una mejor visibilidad del grupo escultórico y favorece su visión frontal. Por otro lado, la presencia de un espacio vacío ante las esculturas favorece la comprensión del grupo escultórico, de esas tres imágenes que contemplan la desolación de Cristo muerto; se introduce en el trono  el vacío que deja la muerte. Pero dejando claro que no es una soledad desesperanzada, sino que cada personaje refleja una actitud diferente ante el hecho de la muerte de Cristo y, en conjunto, el grupo se convierte en la obra más espiritual de Capuz, una reafirmación en la esperanza de la resurrección.


Aclarados estos aspectos compositivos del nuevo trono quedaba por definir el lenguaje estético con el que plasmarlos. Parecía claro que un grupo con un lenguaje tan contemporáneo como el del Santo Amor se mostraba propicio para trasladar también a la talla del trono un lenguaje tan renovador como el que Capuz utilizó en sus imágenes. Planteadas estas necesidades e inquietudes al escultor Arturo Serra, éste presentó una propuesta en la que asumía el carácter barroco de los tronos cartageneros reinterpretándolo formalmente en unas claves estéticas contemporáneas.


Y esto es lo que permite la integración de un lenguaje artístico novedoso en un contexto estético tradicional. Una de las características de las procesiones cartageneras ha sido su permanente evolución, su atención a la incorporación de nuevos recursos formales, artísticos e incluso tecnológicos, pero siempre manteniendo una misma configuración estética general a cuya definición se amoldan todos los recursos. Esta configuración estética, genuinamente cartagenera, no es más que una reinterpretación según las claves de la estética finisecular del XIX y primeras décadas del XX de los presupuestos más antiguos del cortejo procesional como un espectáculo barroco. Al servicio de ese efecto barroco de aparición divina se ponen los recursos de las lámparas incandescentes arremolinadas en disposición piramidal orlada de flores, dando lugar a la consabida “ascua de luz”, trasunto modernista de aquellas capillas ardientes del Barroco y traslación itinerante al escenario urbano del espacio sagrado transfigurado de los refulgentes retablos dorados. Asumiendo la estética entresiglos, propia del modernismo que marcó el paisaje urbano de Cartagena, como la más característica de sus procesiones, presente no sólo en  la configuración de los tronos sino también en toda la concepción eurítmica del cortejo, no debemos cerrarnos a nuevas aportaciones estéticas de diferente naturaleza, siempre que se amolden a los elementos esencialmente definidores del cortejo procesional clásico cartagenero. En este sentido, la propuesta de Arturo Serra recoge el módulo compositivo habitual para los tronos de un grupo escultórico en Cartagena, planteando un trono de doble peana, con ocho cartelas, realizado en unos materiales habituales  - madera tallada, pan de oro, vidrio, luz, flor – y con una combinación cromática de dorado sobre madera. Y, sin embargo, el trono es totalmente nuevo en cuanto a su solución formal. Ya ha referido el escultor cómo la contemplación de los balcones de enmarañada forja modernista que Gaudí dispuso en su fachada de la Pedrera le sugirieron la posibilidad de retorcer la materia de tal forma que diera como resultado una solución al mismo tiempo expresiva y ornamental. Las tradicionales volutas de estirpe barroca o los latiguillos modernistas encardinados se han transformado en el trono de Arturo Serra en retorcidas formas orgánicas, desarrollando hasta el infinito el juego de paños convulsos que Capuz utilizó con un carácter expresivo en su imaginería. De hecho, el propio grupo escultórico de Capuz ha sido el motivo de inspiración no sólo para resolver la composición del trono, encaminada a favorecer su contemplación y comprensión, sino también en un plano técnico y formal: volvemos a encontrar en la talla del trono los grandes planos de madera, en los que son claramente apreciables los golpes de gubia, en una continua torsión que no encuentra lugar para una sola línea recta, configurando un trono modelado por la emoción, la convulsión y la desesperanza del momento pasionario, pero iluminado, como en el grupo escultórico, por la luz de la gracia de la redención y la esperanza en la Resurrección, la buena nueva de la salvación por el sacrificio de Cristo que el Apóstol porta en forma de dorada promesa entre sus manos, presto a iniciar su labor evangelizadora. Luz dorada de la esperanza, que se recoge en oración en torno al rostro de la Soledad. Luz dorada de la redención que se derrama sobre la desolación de la Magdalena. Y luz dorada que asoma por entre las convulsiones de la talla del trono, materializada en pan de oro y esencializada en la luz dorada de las refulgentes tulipas ambarinas.


Porque la luz, otro elemento fundamental en Cartagena, ha tomado forma singularizada en unas tulipas únicas, todas diferentes, sopladas artesanalmente una a una en la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Y esos rompimientos de luz sustanciada en vidrio aparecen orlados por la flor, que emerge de la misma talla y de la luz de las cartelas, como la vida nueva que surge del sacrificio de la Pasión.


Al frente del trono, como mascarón de proa aunque también escorado, en esa asimetría de todo el trono, emerge de la propia convulsión de la talla en madera el águila sanjuanista, símbolo de la altura de su Evangelio, cuyas primeras palabras porta entre sus garras.


Sin duda, el nuevo trono no es un trono más. Supera con mucho lo meramente ornamental para asumir el mensaje de la imaginería y  devolverlo transformado en una verdadera escultura contemporánea, de íntimos valores expresionistas, y cuya plenitud de significados se alcanzará sólo cuando, encendido y vestido de flor, porte las imágenes que Capuz tallara en su grupo escultórico del Santo Amor de San Juan en la Soledad de la Virgen.

 

Artículo de José Francisco López, publicado en Ecos del Nazareno, revista oficial de la Cofradía Marraja. Cartagena, 2009.

 

 

Trono del Santo Amor de San Juan a prioncipios del siglo XXI

"Parecía claro que un grupo con un lenguaje tan contemporáneo como el del Santo Amor se mostraba propicio para trasladar también a la talla del trono un lenguaje tan renovador como el que Capuz utilizó en sus imágenes". Foto: AHB2009.

Trono del Santo Amor de San Juan

"La propuesta de Arturo Serra recoge el módulo compositivo habitual para los tronos de un grupo escultórico en Cartagena, planteando un trono de doble peana, con ocho cartelas, realizado en unos materiales habituales  y con una combinación cromática de dorado sobre madera. Y, sin embargo, el trono es totalmente nuevo en cuanto a su solución formal". Foto: AHB2009.

 

Trono del Santo Amor de San Juan

"Encontramos en la talla del trono los grandes planos de madera, en los que son claramente apreciables los golpes de gubia, en una continua torsión que no encuentra lugar para una sola línea recta, configurando un trono modelado por la emoción, la convulsión y la desesperanza del momento pasionario". Foto: AHB2009.

Trono del Santo Amor de San Juan

"La luz, otro elemento fundamental en Cartagena, ha tomado forma singularizada en unas tulipas únicas, todas diferentes, sopladas artesanalmente una a una en la Real Fábrica de Cristales de La Granja. Foto: AHB2009