San Juan Evangelista
La Agrupación de San Juan Evangelista pertenece a la Real e Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, conocida popularmente como Cofradía Marraja. Se desconoce la fecha fundacional de nuestra Cofradía pero los primeros documentos que confirman la existencia de la Cofradía datan del año 1641.
No se conoce la fecha en la que la imagen de San Juan comienza a formar parte de los desfiles pasionarios de los Marrajos, pero en un inventario de la Cofradía de 1761 ya consta la imagen de San Juan. La imagen que aparecía en ese inventario ha venido siendo atribuida al imaginero murciano Francisco Salzillo, por sus aspectos formales y características de estilo. Francisco Salzillo y Alcaraz (Murcia, 12 de mayo de 1707 – Murcia, 2 de marzo de 1783) fue un escultor barroco español, considerado como el más representativo imaginero del siglo XVIII español y uno de los más grandes del Barroco.
Se estima que en torno a 1752 se realiza el encargo de la imagen de San Juan. La imagen era de vestir, por lo cual sólo eran de talla la cabeza y las manos. Las manos fueros sustituidas por otras nuevas debido al incendio que 1853 afectó al trono de San Juan. En 1929 la mano sufrió otra rotura, cuando el trono pasaba por la zona más estrecha de la calle Honda. También, en 1925, se realizó una reforma que consistió en la modificación de los hombros, de los que al parecer, estaba algo levantado.
La gran calidad estética de la imagen hizo que gozara no sólo del fervor popular, sino de la predilección de destacadas personalidades de la vida artística y cultural de Cartagena, como el pintor Manuel Ussel de Guimbarda y Malibran o la escritora Carmen Conde, quien le dedicó incluso una de sus más tempranas creaciones poéticas.
En las revueltas al comienzo de la Guerra Civil (1936) se pierde gran parte del patrimonio de la Cofradía, entre ellas la imagen de San Juan de Salzillo que desapareció sin que conozcan las circusntancias.
A la conclusión de la Guerra Civil, las cofradías de Cartagena, al igual que muchas otras en España, se enfrentaron a la urgente necesidad de reemplazar el patrimonio artístico que había sido destruido durante el conflicto. La magnitud de la tarea hizo que inicialmente no fuera posible encargar la creación de nuevas imágenes a artistas de primera categoría, optando por soluciones provisionales de menor calidad artística. La Cofradía marraja optó por el escultor valenciano José Alfonso Rigal para sustituir las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno y San Juan.
Se ha venido sosteniendo que la relación con Cartagena de José Alfonso Rigal tuvo lugar a través del taller del tallista Aladino Ferrer, donde trabajaba. Y aunque es posible que tuviera alguna relación artística con el reconocido artesano, la verdad es que la llegada del escultor a la ciudad tuvo unos motivos menos vinculados con el mundo del arte. Estos no fueron otros que su incorporación a la Marina.
Tanto las imágenes de su producción, pese a la devoción y cariño que entonces o ahora se les pudiera tener, eran obras de escasa calidad artística. Así, fueron objeto del ingenio popular que al Nazareno, por la disposición de la cruz con la mano izquierda llamó «El Zocato», y a San Juan, por el colorido de la policromía de su rostro, «El Segador», «El Apache» o «El Piel Roja». De hecho, la policromía realizada por Rigal fue rápidamente reemplazada por otra que efectuó, de cara a las procesiones de 1941, el imaginero murciano José Sánchez Lozano. La obra de Rigal tomó parte de las procesiones marrajas hasta 1942. Cuatro años más tarde, la escultura de Rigal fue vendida por 600 pesetas a la Cofradía de San Juan de la vecina ciudad de la Unión.
Para el nuevo encargo se apuesta por José Capuz Mamano, que ya contaba con el favor de la Cofradía marraja, al haber realizado ya las imágenes de la Piedad, Santo Sepulcro y Descendimiento.
En 1943 se estrena la imagen de San Juan realizada por José Capuz. En el caso de esta imagen Capuz estaba mucho más condicionado, sobre todo, porque el anterior San Juan era una obra salida del taller de Francisco Salzillo. No se trataba de “copiarse a sí mismo” como en la talla de la Soledad; ahora tenía que entrar en competencia con uno de los grandes imagineros del Barroco, del cual le separaba no sólo el tiempo y la época sino aspectos estilísticos muy diferentes, por mucho que el concepto de imagen procesional permaneciera desde el siglo XVIII sin variantes significativas.
Por eso, se pidió a Capuz “un reemplazo digno” y que atendiera varias sugerencia como “la postura de la mano izquierda, con la que debe de llevar una palma, y los detalles del pelo y vestimenta.” En este capítulo se llegó a un tipo de advertencias muy concretas acerca de la efigie de San Juan, buscando la mayor adaptación al carácter literario y procesional del Evangelista, tal como lo concibiera Salzillo y como habitualmente desfilaba en el cortejo. Por eso, continuando con estas referencias, se le indicó que la actitud de la mano derecha es porque “dice la tradición que va señalando con los dedos a la Virgen el camino que sigue Jesús.” Para la mejor ejecución de esta talla fue remitida a Madrid una fotografía de la desaparecida con el fin de que sirviera de documentación, y para que en la medida de lo posible se ajustara al modelo anterior.
En cuanto al precio señalado por el escultor para esta obra –diez mil pesetas- no hubo ninguna discusión, máxime cuando Juan Muñoz Delgado ya conocía el trato de favor de Capuz hacia los marrajos. Lo importante era que el artista valenciano se encontraba ya sumido en la realización de dos encargos a fecha fija – San Juan y la Virgen – para que pudieran lucir en los desfiles de 1943.
Es posible contemplar en Capuz la misma actitud de serenidad en el rostro que Salzillo confirió al esculpir al escultura del discípulo amado, y unos mismos caracteres de paradigmática belleza que de siempre adornaban la representación de San Juan, no exentos de tintes apolíneos. Pero Capuz se apartó del modelo del gran imaginero murciano al acentuar los rasgos con perfiles geométricos dictados precisamente por las profundas raíces de su estilo que llegaban hasta la estatutaria del mundo griego. El magnífico tratamiento de la cabellera tallado con gran relieve, como si de un casquete se tratara, acentúa sus referencias con la escultura clásicas. La mirada penetrante, las cejas elevadas y el aire displicente lo concierten en una singular imagen procesional que alcanza en la calle su máxima expresión sentimental y estética.
La imagen de San Juan Evangelista recibe culto en la capilla que la Cofradía marraja tiene en la Iglesia de Santo Domingo de Cartagena. La Agrupación celebra dos misas para honrar a nuestro Titular: El 06 de Mayo, día en el que se conmemora el Martirio de San Juan ante Porta Latina y el 27 de Diciembre, festividad de San Juan Evangelista.